Si te dieran a elegir entre motivación y fuerza de voluntad, ¿Con cuál te quedarías?
Imagina que en tus manos misteriosamente cae una lampara mágica de las que al frotarlas aparece un ser mágico y te plantea esta cuestión: – Hola Inés, gracias por sacarme de ahí, te doy a elegir entre motivación y fuerza de voluntad, ¿Con cuál te quedas? – . Seguramente y (casi) sin pensarlo nuestra respuesta sería; motivación.
Y es que, la motivación está de moda, vivimos en una época en la que tenemos que ser positivas, entusiastas y con ganas de hacer de todo… a todas las horas, tenemos que estar en modo «motivado» 24/7 /365 días al año.

Pero la realidad es otra, la motivación vine y va, es pasajera. No todos los días tenemos la misma motivación, es más, a lo largo del día los niveles de motivación subirán y bajarán como el ecualizador de un DJ.
¿Quién no se ha levantado un lunes con todas las ganas del mundo de apuntarse al gimnasio, y al final del día se encuentra diciéndose a sí mismo; mañana lo hago?.
Después de este aterrizaje forzoso al mundo no maravilloso de «la motivación lo mueve todo», quizá antes de tomar una decisión, debamos conocer un poquito más algunos aspectos de cada una de ellas.
Según la RAE, la motivación es un «conjunto de factores internos o externos que determinan en parte las acciones de una persona». Sin embargo la fuerza de voluntad la define como la «capacidad de una persona para superar obstáculos o dificultades o para cumplir con sus obligaciones«.
Así, sin reflexionar muy profundamente (por ahora) podemos apreciar algo importante. La motivación depende de un conjunto de factores, unos de ellos son personales, sobre los cuáles podríamos controlar, y otros externos sobre los cuales no tenemos nada que hacer. En cambio la fuerza de voluntad se refiere a la capacidad personal, es decir a algo que sólo depende de nosotros/as mismos/as.
Y aquí está el problema (ahora sí que vamos a reflexionar profundamente), que el ideal es que vayan de la mano, pero la realidad es que habrá días y momentos en los que no lo hagan, y es ahí cuando la fuerza de voluntad cobra mayor protagonismo. Cuando tenemos que tirar de nuestras capacidades para alcanzar el objetivo que nos hemos marcado.
Sé que ahora mismo hay personas que están pensando; – «perdona Inés, pero yo no tengo fuerza de voluntad». – Pero no es así, todas y todos tenemos un pequeño rinconcito ocupado de fuerza de voluntad, unos/as más desarrollada que otros/as, pero estar… está, tan solo tienes que entrenarla frecuentemente.
Si, has leído bien, he dicho entrenarla. Las capacidades se entrenan, por lo tanto nuestra fuerza de voluntad será mayor o menor en base a nuestro entrenamiento. Pero….
¿Cómo entrenamos la fuerza de voluntad?
El secreto para entrenar la fuerza de voluntad está en crear hábitos, repetir conductas te hará fuerte, y cuando esos hábitos sean sólidos y no necesites fuerza de voluntad ni motivación para llevarlos a cabo, simplemente lo llamarás rutina.
Y ahora….
Si te dieran a elegir entre motivación y fuerza de voluntad… ¿Con cuál te quedarías?
Fdo: Inés Martínez García.



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