Vamos a empezar reconociendo una cosa… en Impulsa hemos hecho retos de pasos. Los hemos diseñado, los hemos propuesto y seguimos creyendo que pueden ser una herramienta estupenda para conseguir que las personas se muevan más.
Así que este artículo podría parecer una pequeña campaña contra nosotros mismas. Pero no. No hemos venido a renegar de los retos, las campañas, las Semanas de la Salud ni de todas esas muchas acciones que alguna vez hemos puesto y seguramente lleguemos a poner en un futuro no muy lejano. Hemos venido a hacernos una pregunta bastante más incómoda:
¿Son suficientes?
Porque una cosa es conseguir que durante unas semanas se camine más, nos levantemos de la silla o participemos en una actividad específica. Y otra muy diferente es conseguir que el movimiento forme parte de nuestra manera habitual de trabajar.
Y precisamente el otro día leímos un estudio que nos hizo pensar mucho sobre esto.

UN ESTUDIO SOBRE CÓMO CAMBIAR COMPORTAMIENTOS EN EL TRABAJO.
Se trata de una revisión publicada en 2026 en Frontiers in Public Health sobre el uso de la Rueda del Cambio de Comportamiento (Behaviour Change Wheel) para desarrollar programas de promoción de la salud en el entorno laboral. La revisión analizó 13 estudios, recogidos en 34 publicaciones, relacionados con la actividad física, el comportamiento sedentario y la alimentación. Ocho de las intervenciones se realizaron con personas que trabajaban en oficinas.
Dicho de una manera bastante menos académica, los/as investigadores/as analizaron cómo se estaban diseñando intervenciones para conseguir que las personas cambiasen realmente determinados comportamientos en el trabajo. Y aquí encontramos algo interesante.
Las intervenciones no se limitaban a informar. Entre las técnicas de cambio de comportamiento más utilizadas aparecían el automonitoreo, los objetivos, el apoyo social, la planificación de acciones, la información sobre las consecuencias para la salud, las señales, los recordatorios y el feedback.
Porque saber que tenemos que movernos es importante, pero saberlo no significa que vayamos a hacerlo.
Lee el estudio aquí.
QUIZÁ ESTAMOS EMPEZANDO POR EL FINAL.
Pensemos un momento en cómo abordamos muchas veces el bienestar dentro de las organizaciones. Queremos reducir el sedentarismo, pero… ¿Qué hacemos?; Un reto de pasos. Una campaña. Una charla. Un taller. Una Semana de la Salud. Un cartel al lado del ascensor diciendo que utilicemos las escaleras…
Y oye, todo esto suma, el problema aparece cuando esta acción (esporádica) se convierte (o la convertimos) en la estrategia. Porque quizá antes de decidir qué vamos a hacer deberíamos hacernos algunas preguntas:
- ¿Sabemos realmente qué está pasando en nuestra organización?
- ¿Sabemos cuánto y cómo se mueven las personas durante su jornada?
- ¿En qué momentos permanecen más tiempo sentadas?
- ¿Sabemos qué les impide moverse?
- ¿Es la carga de trabajo?
- ¿Son las reuniones?
- ¿La organización de los puestos?
- ¿Los espacios?
- ¿La falta de oportunidades?
- ¿Las costumbres?
- ¿Tenemos una cultura en la que levantarse de la silla parece sospechosamente parecido a no estar trabajando?
Buff..¡¡ que cantidad de preguntas, ¿verdad?. Pero pensadlo bien, podemos pedir a una persona que se mueva más, pero si hemos diseñado ocho horas de trabajo para que prácticamente todo pueda hacerse sin levantarse de una silla…igual tenemos que mirar algo más que a la persona.
UNA SEMANA DE LA SALUD ESTÁ BIEN. PERO SON 52.
Hay otra cuestión del estudio que nos parece especialmente interesante. Los autores señalan que la sostenibilidad de las intervenciones fue evaluada pocas veces. Además, ninguno de los 13 estudios evaluó formalmente la alineación de las intervenciones con la misión de la organización. Y eso nos lleva a una pregunta que nos gusta mucho:
¿Qué queda cuando termina la campaña?
Cuando desaparece el cartel.
Cuando termina el reto.
Cuando dejamos de mandar recordatorios.
Cuando entregamos el premio.
Cuando acaba la Semana de la Salud.
Y llega el lunes siguiente.
¿Seguimos moviéndonos?… casi seguro la respuesta sea “no lo sé”… Porque organizar actividades saludables es una cosa y crear una cultura activa es otra. Y una cultura no se construye con lo que hacemos excepcionalmente sino que se construye con aquellas cosas que terminamos haciendo con normalidad.

¿POR DÓNDE EMPEZAMOS?.
Si realmente queremos conseguir cambios que puedan mantenerse en el tiempo, creemos que hay un trabajo previo.
CONOCER.
Antes de intervenir necesitamos una fotografía del punto de partida. Analizar qué está ocurriendo en nuestra organización; cómo es la jornada laboral, dónde se concentra el comportamiento sedentario, qué barreras encuentran las personas, qué oportunidades existen para que las personas se muevan más, qué elementos del entorno pueden facilitarlo o dificultarlo.
Y también escuchar, porque probablemente las personas que pasan ocho horas trabajando en nuestra organización tengan bastante que decir sobre lo que les permitiría moverse un poco más.
Primero entender → Después ya tendremos tiempo para sacar el reto de pasos.
DISEÑAR.
Cuando conocemos el punto de partida podemos empezar a tomar decisiones.
¿Qué queremos cambiar?
¿Dónde debemos intervenir?
¿Qué es prioritario?
¿Qué acciones pueden ayudarnos?
¿Qué recursos necesitamos?
¿Quién debe participar?
¿Y cómo vamos a saber si está funcionando? No todas las organizaciones necesitan lo mismo porque no todas tienen las mismas barreras ni las mismas oportunidades. Por eso creemos más en diseñar una estrategia adaptada a cada realidad que en disponer de un catálogo infinito de actividades saludables.
ACTUAR.
Y ahora sí, ahora es cuando caben los retos, las campañas, la formación, la comunicación, los cambios de espacio, los recordatorios, las dinámicas de equipo, las reuniones caminando, las acciones participativas… y muchas e infinitas posibilidades.
El propio estudio muestra precisamente intervenciones que combinan distintas técnicas de cambio de comportamiento. Por eso quizá no deberíamos buscar la actividad perfecta, sino que nuestro objetivo debe estar enfocado a buscar la combinación de acciones que tenga sentido para aquello que queremos cambiar.
MEDIR.
Y no creáis que termina en actuar, ahora viene quizá lo más importante… saber que ha pasado, y no nos referimos únicamente a: “han participado 87 personas”. Saberlo está bien, pero necesitamos saber más:
- ¿Estamos consiguiendo modificar aquello que queríamos cambiar?
- ¿Las personas tienen más oportunidades para moverse?
- ¿Qué acciones funcionan?
- ¿Cuáles no?
- ¿Qué barreras siguen apareciendo?
- ¿Estamos llegando a toda la organización o siempre participan las mismas personas?
- ¿Los cambios se mantienen cuando dejamos de impulsar activamente la acción?
Medir no debería servir únicamente para preparar un informe bonito al terminar el programa. → Debería ayudarnos a tomar mejores decisiones.
AJUSTAR.
Seguramente no acertaremos con todo a la primera, y no pasa nada. Si tenemos información podremos mantener lo que funciona, modificar lo que no y probar nuevas soluciones o estrategias. Porque debemos entender el proceso como un ciclo:
CONOCER → DISEÑAR → ACTUAR → MEDIR → AJUSTAR
Y volver a empezar.

Y AQUÍ ES DONDE ENTRA IMPULSA.
En Impulsa tus Hábitos no queremos dejar de hacer retos, campañas o acciones puntuales. Queremos que tengan un porqué, que respondan a una necesidad, que formen parte de una estrategia, que podamos saber que ocurre antes y después. Pero, sobre todo, lo que pretendemos es contribuir a algo mucho más grande… aspiramos a ayudar a las organizaciones a construir una cultura del movimiento y el bienestar dentro de la organización. Y por eso nuestro trabajo empieza mucho antes de lanzar una campaña.
¿Hablamos?
Fdo. Impulsa tus Hábitos.

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